miércoles, febrero 15, 2006

ÚLTIMA CENA: CONVERSACIÓN ENTRE CAETANO VELOSO Y PEDRO ALMODÓVAR

Por Andrés Rodríguez

Almodóvar y Veloso comparten una vieja admiración recíproca y la misma pasión por el arte melodramático. Sigue la conversación entre estos dos monstruos de la escena que moderó Rolling Stone.
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Caetano: ¿Sabes que en Brasil eres un escritor de éxito?
Almodóvar: (Risas) Te refieres a Fuego en las entrañas, un libro de cuentos verdes que se publicó en España hace 12 años y que ya está descatalogado. Aquí se editó ilustrado por Mariscal y es la historia de un espía chino, Chu Min Ho, con varias amantes, que para vengarse de ellas crea una compresa envenenada que las vuelve a todas locas y ninfómanas.
C: Es fantástico. Un arma feminista que hace mal a los hombres.
A: Bueno, hace mal porque mata a los hombres a base de follárselos. Yo recuerdo que en algún momento me tentaba meterlo en un guión, pero era demasiado bestia; supongo que se me ocurrió escribirlo dentro de los excesos de los ochenta, pero inmediatamente se echó encima la peste del sida y descarté filmarlo. Si hubiera que rodarlo, imagínate el momento en el que entran unos tacones y unas piernas de mujer… es como si entrara el peligro… Y los brasileños, que son así de locos, lo han traducido ahora; en una edición muy pequeña, muy bonita, pero muy graciosa.
C: Sí, eso es muy gracioso.‘‘Brasil es una dura competencia para Almodóvar, por su amoralidad”.
A: Para mí sí, sí. Yo lo he leído en portugués, porque se entiende perfectamente, y es muy gracioso que esté entre los primeros puestos. A raíz del éxito en Brasil a lo mejor deberíamos publicarlo… pero no sé si aquí los lectores se enterarían, porque en tu país sí que saben lo que el protagonista chino buscaba en las entrañas.
C: Una chica, que es novia de un amigo de Moreno (el hijo mayor de Caetano), trabaja en una editorial que tuvo la idea de editarlo en Brasil.
A: En Brasil lo único que necesitan es un pretexto para lo lúdico, y me imagino que mi libro lo han entendido de esa manera.
C: Mi mujer, Paola, dice que a veces Pedro es muy moralista y que estar en Brasil le interesa, le divierte, pero al mismo tiempo le trastorna porque le gustaría controlar el país. Brasil es una competencia para sus películas. La realidad entra en competición con su ficción, porque existe una sensación de amoralidad constante. Pedro siempre cuenta una y otra vez que sus películas nacen de una moral muy estrecha...
A: ¡Claro que mis películas son morales! No son maniqueas, no corresponden con el sentido moral tradicional, sino con el de mi propia moral. Pero es verdad que Brasil me confunde porque en las relaciones personales, y desde luego también en las sexuales, hay una naturalidad y una promiscuidad que me sorprende positivamente. Supongo que se trata de África, que os hace valorar los cuerpos de otro modo, que os hace valorar la fidelidad de otro modo. Y ahí está claro que nosotros no tenemos nada que hacer.
C: De ahí el éxito de tu libro entre nosotros. Deberías reeditarlo en España, porque yo me siento aquí como en ningún otro lugar de Europa. Ni siquiera en Portugal.
A: ¿Ni en Italia?
C: Italia es maravillosa, es bellísimo (fuerza su virtuosismo políglota y parece romano). Todos los italianos son chicos muy guapos. Pero tras su actitud siempre hay una intención oculta. En Italia me siento atrapado por el pasado. En España me siento como en casa y eso sólo me pasa en Brasil y en Nueva York. En Málaga la otra noche, tras el concierto, las chicas por la calle daban la sensación de ser libres. En Italia, tan maquilladas parece que caminan por encima de la realidad...
A: Recuerdo que la primera vez que fui a Brasil viajé para presentar Matador. No me conocía nadie. Nadie me prestó atención...
C: Los brasileños se enamoraron de ti con La ley del deseo, pero tú no viniste a presentarla. Yo la vi en París, fue la primera película de Pedro que vi, y fue muy curioso porque es muy distinto ver una película de Almodóvar en París, Nueva York o en Río.
A: La geografía del cine es desconcertante.
C: Cambia todo, porque en París la película es seria, pero en Nueva York es como si todo fuera una loca comedia. Yo quería reírme a carcajadas en París, pero allí no lo consideraban una comedia. Sin embargo, en Nueva York no dejan de reírse porque son muy infantiles.
A: Por eso me preocupa tanto el doblaje. Empleo un montón de tiempo y sobre todo, sufro muchísimo, porque es imposible sintetizar. Me duelen los subtítulos porque te obligan a aprobar una versión inferior. Y eso me está empujando cada vez más a utilizar un lenguaje más académico para que sea más fácil. ¡Pero es que hay cosas que no se pueden traducir! ¡Me quiero encasquetar a esta! Pues tú me dirás… Pero es peor el doblaje. En Italia y en Alemania lo doblan todo porque son muy perezosos y no quieren leer subtítulos. Algunas veces me he encontrado con traducciones completamente distintas… me refiero a Italia, porque en alemán a ver quién coño pilla los errores.
C: Así que… ¿estás preparando una película… para el mundo?
A: Estoy escribiendo intensamente, pero todavía navego en un mar de dudas. Es el tercer misterio de Fátima. Guiones que navegan en un mar de champán. (Almodóvar acaba de bañar su postre con un chorrito de este licor. Caetano no bebe. Ni siquiera café). Tengo tres. Y he decidido que no me queda más remedio que escribir las tres enteras para decidirme cuál rodar. Penélope está curiosamente en las tres, en tres papeles totalmente distintos, y es la única actriz que coincide. En una compartiría reparto con Antonio (Banderas). Y es cierto que me gustaría trabajar con los dos, porque se conocen y sé que saltarían chispas. Ya he terminado el primero, pero es que son tres ideas muy difíciles. Dos son ideas mías y la tercera es una adaptación de un libro francés cuyo original, permitidme que no lo cite, es muy malo...
C: ¿Se hablaba de Paperboy, la novela de Clive Drexler?
A: Sí, pero lo he desechado ya. Es una de las que he terminado de escribir y la historia la he hecho completamente mía. Lo que pasa es que me falta pasión para irme a rodarla en América, y eso que el estudio se ha portado muy bien. Así que trataré, ya que está terminado el guión, de hacer un paquete para que la dirija otro. He escrito otra, la acabaré esta semana, que ésa sí que me gusta. Tiene una estructura de caminos cruzados. Son pocos personajes, pero se cruzan los tiempos, y sobre todo las mujeres, no quiero decir en qué estado están pero es una película salvajemente romántica, y tristísima.
C: ¿Y la tercera en discordia?
A: La tercera está basada en una novela francesa de los ochenta que no os voy a decir el título, (hay quien asegura que podría tratarse de ‘Las partículas elementales’, de Houellebecq) y es la más complicada de todas. Y en esa estaría Antonio. Pero es una novela durísima. Pero dura, dura, dura. La idea es brillante, lo que pasa es que no me gusta cómo está escrita la novela y entonces tengo que reinventármela. Es mucho más complicado escribir sobre novelas que ya están escritas que con argumentos originales. Y yo creo que será una de estas dos últimas porque la de las mujeres es una comedia al estilo de Qué he hecho yo para merecer esto. Son mujeres supervivientes con muchísimas dificultades económicas y que tiran pa’lante como pueden. Tengo que encontrar cuál es el peor barrio de Madrid, pero que no haya drogas, porque con lo que tienen las chicas sería muy fuerte… Esa sería la más fácil y la más comercial. Y, desde luego, la que escribiría más rápido. Es casi como una comedia musical, pero es la que menos me apetece rodar. Tengo que decidirme. Una la encuentro demasiado triste, la otra demasiado mía y la tercera es la que voy a empezar a escribir, la francesa. ‘‘Me gustaría trabajar con Antonio y Penélope juntos porque saltarían chispas”.
C: ¿Tienes muchas presiones?
A: Te mandan guiones. Las propuestas se convierten en presiones sólo cuando aceptas dinero por adelantado.
C: ¿Te sugieren repartos?…
A: Muchas veces son guiones ya pensados con actores incluidos. Uno que me han ofrecido era para Brad Pitt, que no sé si se hará o no. Me los mandan, les gustaría que se hicieran pero como no he dicho que sí a ninguno pues tampoco hay precedente. Me gustaría rodar en otro idioma, en otro lugar, en otra cultura. Pero depende de la historia y de la lengua.
C: Hazla en portugués.
A: En portugués he visto una película rodada en Brasil de una amiga, muy amiga mía, pero me pareció muy floja. (Se refiere a Penélope).
C: Se alojó en mi casa mientras rodaba Woman On Top, pero no coincidí con ella.
A: Sabes que Penélope está obsesionada con tus gatos y con tu versión del Cucurrucucú Paloma. Es como una canción de cuna para un cabaré, porque tiene toda la ternura de la canción de cuna, pero también una tristeza muy trágica que impresiona.
C: ¿Has visto All The Pretty Horses?
A: He visto un trozo, porque fui con el director Billy Bob Thorton, que me llevó a los estudios, y alucino lo simpáticos y abiertos que son con el material. Yo, el material que ruedo, no se lo dejo ver ni a los actores y nunca invito a nadie hasta que la película está terminada. Otra cosa que me sorprende muchísimo es cómo enseñan los dailys, o sea, el material que ruedan cada día, que se lo dan a los actores en vídeo. Me acuerdo de una ocasión que estaba en casa de Antonio (Banderas), era por la noche y llegó Melanie con los dailys, y entonces todos opinábamos: Antonio, yo y hasta un primo de Antonio de Málaga, que pasaba por allí.
C: ¿Qué haces con los descartes, con la película rodada que sobra?
A: Yo la tiro. Los laboratorios tiran el positivo. Pero tú debes saberlo. Tú has dirigido una película.
C: Es cierto. La película es de 1986, creo. Pero mi vocación es anterior. Del 55 ó el 65. Me cansé de esperar. Amo el cine, pero me desespera su técnica. Los actores esperan, los productores esperan, el público espera. Años incluso. Ese es uno de los privilegios que tiene Pedro, cuenta con El Deseo, su equipo, su productora…
A: Aún así hay que esperar. Fíjate en Alejandro Amenábar, el autor de Abre los ojos…
C: Eyes Wide Shut…
A: No, esa es de Kubrick. (Los idiomas confunden a Caetano). Este es un director español con enorme paciencia, que está a punto de rodar con Nicole Kidman, con su producción y con los caprichos del matrimonio Cruise. Es un fenómeno muy especial, porque nunca un director español ha rodado con una estrella americana. Tengo mucha curiosidad por ver cómo le sale, porque la película la va hacer aquí en España, y en inglés, voy a ver hasta que punto tiene control sobre el rodaje, y si no, se lo preguntaré. Pero fíjate, ya está todo contratado, todo alquilado, todas las casas… todo. Y Kidman dice que está cansada y viene un mes más tarde y todo se atrasa un mes. Es un tipo de cosas que a un estudio americano y a otro director ella nunca le haría. Eso ya indica una actitud de abuso, de estrella que a mí me estremece. Ahora, yo creo que Alejandro lo tiene claro; lo que tiene que hacer es soportar e insistir y, a base de eso, rodar la película… aunque al final la estrangule (a Nicole).
C: Este es un problema que también afecta a los músicos… Pero hay una diferencia. Si lo necesita, un músico puede defenderse sólo con su guitarra. En el cine todo depende del dinero, de la producción, que a su vez condiciona las ideas del director, que a su vez está condicionado por el compromiso con su éxito anterior. Contra esto luchaba Fellini cuando, ya muy viejo, contaba, y es increíble, que le preguntaron cuál había sido su película en color favorita y Fellini contestó, “a mí no me gusta el color, sólo me gusta el blanco y negro”, pero nunca volvió a rodar en blanco y negro. Yo creo que lo decía más como una queja que como una declaración de principios.
A: Rodar en blanco y negro fue una de tantas cosas a las que había renunciado. Y es una pena, porque Fellini, como uno de los grandes genios de este siglo, que ya no sé si estamos en el xx todavía o en el xxi, no ha estrenado en España sus últimas películas porque tenían verdaderos problemas de distribución. Tan sólo accedían a un público de arte y ensayo pero eran carísimas por ser ya Fellini una estrella.
C: Estamos demasiado americanizados. Tú eres una resistencia latina. Una rara avis. Escribí esto en un e-mail para ti.
A: Figúrate, me hubiera animado tanto...
C: Quizá pensaste “esto es demasiado pretencioso” y finges que no lo recibiste.
A: Y tú... ¿qué planes tienes?
C: Yo tengo ganas de regresar a Brasil para entrar en el estudio de grabación. Lo añoro desde que produje a Joao Gilberto. (Se refiere a ‘Voz e violao’, Verve, 2000)
A: ¿Cuántos años tiene?
C: Sesenta y nueve.
A: Creí que era más viejo. Su disco es maravilloso, pero es muy corto. ¿Y qué vas a grabar?
C: Tengo un plan para hacer un disco con canciones angloamericanas, como hice con Fina Estampa.
A: ¡No, Caetano, no!... Me interesan mucho más las sudamericanas. Las prefiero a todo eso de Cole Porter, al country o al funky.
C: Aún me quedan muchas canciones brasileñas, y temas nuevos que en cuanto llegue a Río quiero empezar a grabar, con sonidos nuevos, pero antes tengo que descansar. Antes de salir de Brasil ya quería grabar. Estoy impaciente.
A: Sí, pero ahora vas a llegar mucho más maduro al estudio.
C: Si finalmente grabo el disco de canciones angloamericanas, el repertorio será muy personal, tendrá mucho de brasileño por un lado, pero no faltará toda la gente que canta bien, teniendo en cuenta que los americanos son los que mejor cantan del mundo. Realmente son canciones que uno ni siquiera debiera pensar en retomar, pero tengo algunas ideas que me gustaría experimentar.
A: ¿Qué canciones elegirías?
C: Cosas muy distintas. No sería un repertorio estadounidense, sino angloamericano, y esto incluye también Trinidad y Tobago, Jamaica, Canadá…
A: Eso, eso, Leonard Cohen…
C: Y tengo un secreto (Caetano busca la oreja de Almodóvar. Es la flor de su secreto. Pero Almodóvar no se contiene y suelta la exclusiva)...
A: Fíjate que a mí nunca se me habría ocurrido, conozco muy bien la discografía de Paul Anka, la primera época, no la de después, cuando todavía no estaba tan bronceado…
Caetano vigila su voz. Tuvo problemas con los hoteles en Barcelona. Ha pasado la noche viajando en autobús desde Málaga para compartir viaje con los músicos que le acompañan. Entre ellos, Jaques Morelembaum, el productor y arreglista de sus últimos discos y director de los conciertos. Está cansado.
A: Santa Teresa lo hacía todo eso andando, y por eso es santa.
Caetano bebe un refresco sin hielo y no prueba el vino. Almodóvar no le deja brindar con Coca Cola, será porque, como Coppola, en el El Deseo ya tienen una bodega.
A: Lo de la bodega es una iniciativa de mi hermano Agustín, que es químico. Pero viene de tradición familiar. Tuvimos una bodega, primero comprábamos vino de La Mancha, después lo hacíamos en casa, primero pisándolo y luego ya con toda la maquinaria, pero era toda maquinaria muy antigua. Recuerdo mucho el olor del azufre, y mi hermano ya con cinco o seis años ayudaba, se metía en la bodega, encendía las luces: le gustaba mucho más que a mí, yo miraba de lejos como si fuera un cuadro, parecía otra realidad, ver a un montón de hombres con los pantalones arremangados, pisando, metidos dentro. Y eso que yo de pequeño me atrevía menos a introducirme en el mundo de los hombres que en el de las mujeres. El mundo de los varones me imponía más.
C: Era una cuestión olfativa.
A: El olor era buenísimo, muy rico, porque de pequeño todos los olores fuertes, desde el pegamento a cualquier otra cosa, son como parte de un juego, de un juego que es real, pero yo creo que todos hemos olido el pegamento, y todas esas cosas, y además el olor de la uva cuando está en fermentación, no sé porqué, es muy especial, será el azufre.
C: Ya estás como Coppola...
A: Pues fíjate que después de muchísimo tiempo, ahora mismo ha conseguido un vino de lo más chic que hay en Estados Unidos y de los más caros, carísimo. Además es un tipo que le gusta cocinar su propia comida. Yo le visité en el plató varias veces, una de ellas estaba rodando Drácula y me dijo que fuese a verle. Cuando llegué, en vez de presentarme a los actores o enseñarme los decorados, me enseñó la roulotte que le habían diseñado. Era como de metal, y dentro tenía todo lleno de pantallas desde las que contemplaba todo lo que ocurría dentro del set y así no tenía que bajar. Pero lo más grande era una cocina inundada de verduras, donde se cocinaba diariamente su propia pasta. Y eso que se trataba de un rodaje en exteriores.
C: Yo me encontré con él en Brasil, estuvo allí, con un chico que quiere hacer una película brasileña. Tropezamos en Bahía y me dijo una cosa muy interesante, que parece obvia pero que nunca se dice y es que, si estás en París puedes comer comida francesa, vietnamita, china o brasileña. Pasa en todas partes, en Los Ángeles, Nueva York, Londres, pero en Italia sólo puedes comer comida italiana. En Italia sólo hay restaurantes italianos.
A: Nunca lo había pensado.
Los postres se derriten en el jardín. Almodóvar hace rato que dio cuenta de su helado bañado en marc de champán, y se encapricha de la tartaleta de Caetano. Mientras Veloso cultiva la charla, Almodóvar se come su postre. Caetano protesta con picardía.
A: Humm... qué rico. Lo hago como el esclavo que prueba para evitar que su amo se envenene.
A: ¿Y por qué?
C: La sabiduría de la superstición.
A: Para mí es una costumbre muy antigua, ancestral, del siervo con el amo. Y como yo te admiro mucho, he representado el papel del ser inferior que prueba, antes que tú, todo lo que vas a comer.
Ante un momento único de seducción gastronómica, entre trufa y trufa aparece el universo femenino musicado o en el negativo como denominador común de ambos.
C: Pedro se muere por sus mujeres porque no lloran de la misma manera que los hombres.
A: Es verdad. Son mucho más arriesgadas, más sorprendentes... Pero también he hecho muchas películas sólo con tíos. Mi ‘feminismo’ viene más de la observación, cuando estaba entre los hombres en la bodega con mi padre o con mis hermanas en el patio aprendiendo a coser.
C: Pero las actrices se quejan de que no tienen papeles, y tú lo sabes porque a ti te persiguen las maduritas.
A: Las actrices se quejan porque una vez que han pasado los 35 ya sólo tienen papeles en el teatro. Yo creo que no tienen papeles femeninos porque el cine se hace para una audiencia juvenil o infantil. Y estamos acostumbrados a que aparezcan como la compañera del héroe o la madre del niño.
C: Hay algo en Pedro que me recuerda a un escritor brasileño llamado Oscar de Andrade, un modernista de los años veinte, que decía: “sólo las mujeres saben conversar”. Y él era enteramente heterosexual y homófobo.‘‘Canto como mi madre, aprendí a cantar con ella y cuando canto está conmigo”.
A: En Todo sobre mi madre, el personaje de Antonia San Juan, La Agrado dice: “una mujer es tanto más auténtica cuánto más se parece a lo que ha soñado de sí misma”. Y a La Agrado le queda bien, pero a mí me parece el primer anuncio de la locura. Se equivocan los que identifican cada frase de mis personajes con mi persona. Mira, en Carne Trémula me identifico completamente con el sentido de la posesión, casi psicótico, de Pepe Sancho. Y, desgraciadamente, por mucha pluma que tenga, es así de macho como me siento. Yo he conocido a gente como La Agrado, vamos de hecho, La Agrado se llamaba una travesti de París, que no le decía a nada desagradable.
C: ¿También iba de Chanel?
A: ¡Qué va!... iba de lo que podía. Era una chacha.
C: Hay psiquiatras y psicoanalistas conservadores que dicen que el travestismo es la misma psicopatología que ser Napoleón.
A: Pues eso es que no han ido a ningún campamento de soldados, al menos españoles, porque travestirse es lo más común entre la soldadesca.
C: Es cierto, desde las películas americanas de los años cuarenta. Yo no soy conservador, ni siquiera psiquiatra, por eso pienso como tú.
A: Es muy grave que un profesional del alma humana diga eso. Es un crimen.
C: Mi identificación femenina es mi voz. Canto como mi madre, aprendí a cantar con ella y cuando canto -tengo una canción que dice “Mi madre es mi voz”- siento que está conmigo. Todo sobre mi madre.
A: Yo tenía una voz dulce como la tuya. Una voz blanca, como la llamaban los Salesianos. (Puebla de la Calzada, Badajoz). Es verdad, me da mucha vergüenza y por eso no lo he puesto nunca en una película. Recuerdo al llegar al colegio, tenía nueve años, con mi maletita de madera y mi nombre puesto con pez negra, todos en fila frente a un pianista. Lo más importante para los curas, el primer día, era saber quién iba a ser la estrella del curso. Entonces nos dijeron que diera un paso adelante el que quisiera cantar. Nadie se movió. Veníamos de nuestros pueblos acojonados, timidísimos. Fueron probado uno a uno las voces. La gente era muy torpe, hacían una escala y otra. Cuando llegaron a mí hice muchísimas y entonces el cura dijo: ¡Milagro, tú serás el solista! Afortunadamente no me castraron.
C: Almodóvar, el castrati.
A: Tres años después me cambió la voz y me vine abajo. Me salvó el teatro, y luego el pop y luego el punk y luego el postpunk.
C: Añoranças punk...
A: Pero mi cine no es anticlerical, como el de Buñuel. Yo saco a las monjas porque se drogan, no porque sean monjas.
C: En Fuego en las entrañas sale una monja que rechaza el dinero del chino, Chu Ming Ho (¿Chumino?).
A: En Brasil hay curas cantantes.
C: Es un fenómeno muy reaccionario. Lo vi en un telediario. Algo así como aerobic celestial. Muy loco. El cura en el escenario bailando.
A: Como en los Blues Brothers...
Alguien desliza la paradoja del Almodóvar empleado de la Telefónica postfranquista, para acabar reivindicando que Villalonga le pague a Caetano derechos por el nombre de ‘Terra’.
A: ¿La cantarás mañana?
C: Claro...
A: ¿Es verdad que la escribiste cuando estabas en la cárcel?C: Sí, fue cuando mi primera mujer me trajo a la cárcel las primeras fotografías del planeta tomadas desde el espacio. Sucedió durante la dictadura militar brasileña. Para mí era una cosa terrible estar preso por mis ideas, en una celda tan pequeña, y ver la Tierra... La escribí años más tarde cuando vi Star Wars. No me gustó mucho la película, pero sí la idea de todos aquellos personajes que ni siquiera visitaban el planeta azul.
El camarero se cruza. Pregunta por los cafés. No conocen a Caetano, pero Almodóvar es más reclamado que Zidane.
A: No me ofrezcas estimulantes para después porque no puedo. O sea, ni café, ni cocaína.
C: Un poco de dulce.
A: Yo me inflo a todo el dulce que me pongan.
C: Adoro el chocolate español.
A: Mi hermano lo hace muy rico. Y yo estoy enganchado.
C: Se supone que el chocolate es un sustitutivo del sexo.
A: Prefiero el sexo.
C: Yo también.
El jardín del hotel donde ha transcurrido la cena, la conversación y el cariño recíproco, se oscurece. Tras la despedida, Pedro Almodóvar y Caetano Veloso se retiran juntos. Probablemente discutirán sobre quién de los dos perdió los e-mails.
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Fuente: página web www.clubcultura.com


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